El fiestón por el 19 cumpleaños de Alejandra Rubio: su antes y después más radical en un año

Alejandra Rubio lleva un año sabiendo lo que es ser mayor de edad y este domingo festeja su entrada en los diecinueve años con una enorme celebración rodeada de familiares y amigos. La hija de Terelu Campos (cincuenta y tres) y Alejandro Rubio (cincuenta y siete) va a ser la protagonista de la noche del sábado en Oh My Club, la disco en la que trabaja como relaciones públicas desde hace prácticamente un par de meses y de la que es dueño Kiko Matamoros (sesenta y dos).

A las diez de la noche de este sábado la prensa está convocada para asistir al local y salon eventos corporativos de la madrileña calle de Rosario Pino. Allá, frente a un photocall, la joven atenderá a los medios, algo que el año pasado Alejandra temía por completo en su primer contacto real con los cronistas, del que salió llorando por la presión. En aquella ocasión, la aparición pública y mediática fue algo medio impuesto para ella, mas esta vez la tumultuaria convocatoria ha sido todo idea suya. Cuanta más gente asista, mayor atrayente para captar clientes del servicio y promocionar el local, su sitio de trabajo. Su tarea semanal de miércoles a sábado se fundamenta en la captación de público, con lo que un acontecimiento de tanta influencia como el fiestón cumpleañero de una de las jóvenes del instante es la mejor manera de lograr la atención de la audiencia en un conocido salon de fiestas.

Esa publicidad le dejará gozar sin costo de las salas y los reservados a fin de que celebre su diecinueve aniversario por lo alto con sus seres queridos. No va a faltar su novio, Álvaro Lobo (veinticinco), que es, además de esto, el DJ frecuente del club. En la fotografía primordial asimismo va a ser protagonista la madre de la cumpleañera, Terelu, y decenas y decenas de amigos vip del planeta de la TV, las redes sociales y también hijas de conocidos de su conjunto de amistades.Alejandra Rubio junto a su madre al presentarla en '¡HOLA!' y una foto actual de sus redes sociales.

Pese a ser una celebración nocturna en la que reinarán los bailes, la bebida y el entretenimiento, no va a faltar algo tan tradicional como una tarta en la que Alejandra va a poder soplar las candelas. Seguro que de esos deseos que solicitará poco queda de los que solicitó el año pasado. En dos mil dieciocho la joven se presentaba al planeta mediático de la mano de su madre con una portada para la gaceta ¡HOLA! una semana ya antes de su dieciocho aniversario. La joven en ese instante solo deseaba continuar en el anonimato, hacer su vida sin salir en los medios y labrarse un futuro fuera de los focos. Eso es lo que expresó en aquel momento, mas trescientos sesenta y cinco días después su pensamiento, sus sueños y su cada día es otro.

En ese documental, Alejandra se mostraba vestida en tonos pastel, con faldas y vestidos de inspiración inocente y con poses bien elegantes. No obstante, merced a las redes sociales, poco después se vio la auténtica faceta de la influencer. “No me agradaba nada la ropa que me pusieron”, comentó días después la joven. Y es que prefiere vestir de negro, con pantalones rotos, cadenas y detalles metalizados. Enseguida tiñó su pelo de negro azabache y dejó atrás el castaño claro con mechas californianas que lucía ya antes de cumplir los dieciocho años.

La candidez que se ‘vendió’ en los quioscos aquel diecisiete de marzo de dos mil dieciocho nada debe ver con la personalidad de Ale -como le agrada que la llamen-. Meses ya antes de lograr la mayor parte de edad ya ejercitaba de RR.PP. en la disco Tiffany’s, donde exactamente conoció a su novio. Ya era habitual en las gestiones del planeta de la noche y entre su conjunto de amigos había personas tan conocidas como Aless Gibaja (treinta y uno), Liz Emiliano (treinta y cinco) o bien Oriana Marzoli (veintisiete), con lo que ya se movía en círculos potencialmente mediáticos.

Las primeras fotografías que se hicieron de ella tras la celebración fueron en su viaje a Málaga. Al salir de la estación de AVE múltiples fotógrafos se agolparon para lograr la imagen de la joven y se ocultaba bajo unas grandes lentes de sol y continuando cabizbaja. Algo similar ocurrió en su primer día de clase de la carrera. Alejandra asistía a la Escuela de Diseño de Moda y los paparachi esperaban en la puerta, algo que se tradujo en presión para ella y un ademán serio y lleno de saña en su semblante. No deseaba saber nada de los medios. Hasta el momento en que cambió de opinión.

Se fue a vivir con su novio al distrito madrileño de Malasaña a fines de septiembre. Y tras 3 meses yendo a clase, se percató de que lo propio no era la Moda. Abandonó la carrera y empezó un reality en Mediaset, en la plataforma digital MTMAD donde muestra en vídeo todos y cada uno de los detalles de su vida: el interior de su casa, la historia amorosa con su novio, su deseo de ser madre, sus ganas de casarse joven… de un día para otro la hija de Terelu ha pasado de rehusar los medios a vivir y estabilizar su economía independizada gracias a ellos.

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